PESADILLAS KEYNESIANAS

30.09.2017 20:12

Desde la decadencia del keynesianismo con el boom de la globalización en el periodo de los 70-80, han hecho falta dos crisis económicas para volver a reavivar el debate sobre el Keynesianismo. Es curioso que tras el gran desempleo que sufrió y aún sufre Europa debido a la recesión global, los keynesianos saliesen en masa a escribir sobre sus doctrinas y culpar al liberalismo de todos los males del universo. El Keynesianismo está cada día más presente en nuestra sociedad y cada vez más gobiernos recurren a las ideas del Lord británico para tratar de solventar sus respectivas economías, aplicándolo desde la política monetaria (solo hace falta ver las políticas de tipos 0 del BCE y la Fed) hasta la política fiscal, pasando por mayor gasto público y subvenciones a empresas improductivas y desfasadas. Pero tras un largo periodo de prueba hemos podido comprobar de nuevo como el Keynesianismo solo ha logrado mayor desempleo, un galopante déficit y una decadencia de la confianza en los mercados y en los diferentes gobiernos que han implementado estas medidas. EEUU afronta un momento de dura estanflación; a no ser que se cumplan los datos de crecimiento del próximo año, mientras Europa se cae a trozos mayoritariamente por su gran deuda pública y su obsoleto modelo productivo, alejándose cada vez más de las empresas tecnológicas debido al infierno fiscal que supone el viejo continente.

El Keynesianismo se emplea mayoritariamente para tratar de explicar el origen y las causas de las recesiones económicas, ya que se cree que el libre mercado no tiene capacidad suficiente para generar un nivel de demanda agregada adecuado a la oferta, causando por tanto una crisis económica en el largo plazo. Esta teoría se ha interpretado como cierta tras la crisis del 2008, debido a que la confusión se encuentra en que mayoritariamente los economistas la analizan como una crisis de demanda (exceso de oferta), mientras que algunos liberales, entre los que me encuentro, la consideramos una crisis de oferta. ¿Qué vino primero, la oferta o la demanda? Pensemos por un momento en todas las start-ups que se crean diariamente, ya que estas representan una expansión directa de la oferta agregada sin necesidad de un nivel de demanda estable por ese producto. Primero se diseña, innova y se comercializa el producto, para luego generar esa demanda. Los empresarios exitosos se anteponen a la demanda el cliente prediciendo el nicho de demanda futura y anteponiendo la oferta. Este simple argumento sirve para demostrar el gran fallo de la teoría keynesiana, anteponer la demanda a la oferta.

Si nos basamos en que el diagnóstico del problema no era correcto, imagínense el efecto de la medicina que se le aplicó, a través de mayor represión financiera, inversión improductiva y subvenciones hasta al apuntador. Keynes creía; de manera incorrecta, que el sector publico podía generar tal expansión económica como para poder sacar a los países de la recesión que estaban sufriendo, todo esto a través de un incremento del gasto deficitario. Décadas de historia han probado que el impulso fiscal promovido por Keynes no resulta en absoluto efectivo, debido a un menor e incluso inexistente “efecto multiplicador” a largo plazo del resaltado por Keynes en su magnum opus. Daría lugar a una tesis doctoral completa desmentir punto por punto el efecto multiplicador de Keynes, pero centrémonos en que una sociedad sin ahorro y que gasta todo lo que produce, o incluso muchas veces consume por encima de sus capacidades, acumulará deudas al largo plazo, lo que no solo reducirá su capacidad adquisitiva sino también productiva en el mismo periodo de tiempo. Este mismo argumento se puede emplear a nivel nacional e incluso global, y haciendo referencia los gobiernos que cree que los estímulos de gasto conllevan a un lugar diferente a una montaña de deuda. La inflación a su vez desmiente el efecto multiplicador de Keynes, ya que teniendo en cuenta el incremento del déficit y la deuda anteriormente mencionados, un incremento de la inflación subyacente junto con contracciones del poder adquisitivo solo causará represión sobre la población, y conducirán seguramente a una crisis económica. No debemos olvidar que los políticos siempre creen que ellos gastan poco y usted ahorra demasiado. Lo mismo pensaría Keynes.

Es curioso que en todos los cursos de economía aún se siga enseñando el modelo keynesiano del mecanismo de mercado, y a continuación se pueda desmentir con evidencia tanto teórica como empírica. Los años 70 y la demostración del fracaso de las políticas de estímulo de demanda, han causado que hoy en día muchos economistas se hayan vuelto muy escépticos respecto a las políticas de estabilización; y no les falta razón, ya que las enormes deudas que dejaron esas políticas durante más de 30 años causaron que en ese mismo periodo más de 91 países padeciesen una crisis de deuda. Podemos afirmar hoy en día que Keynes no estaba equivocado solo en su manera de implementar la política fiscal y hacer uso del gasto público, sino también estaba equivocado sobre la importancia de la demanda agregada en general, ya que si nos basamos en la “teoría real del ciclo económico” expuesta por Hayek en la LSE, podemos ver como las recesiones se generan por exceso de demanda y escasez de oferta, lo cual genera inflación y tremendas burbujas, en las que en muchos casos es preferible evitar la intervención del Estado.

Barack Obama parece ser fan de las teorías keynesianas, ya que, durante su mandato, redujo el desempleo hasta un 6% en 2011 con un incremento de la deuda pública del 91%, o 121% si contamos con la deuda municipal también, siendo en cualquier caso el presidente de los EEUU más endeudado de la historia. Está claro que su legado no se va a olvidar, al menos, durante muchos años. Pero aun así algunos economistas como Paul Krugman consideran que gastar un 150%/PIB endeudándose no es estimulo suficiente, lo que nos lleva a pensar que prefieren planes de estímulo como el de Japón, donde acumulan una deuda cercana al 300%/PIB y cada día hunden más la capacidad adquisitiva de sus ciudadanos, al encontrarse su economía totalmente estancada.

Todos los agujeros generados por las políticas keynesianas; y mal llamadas expansivas, no son razón aun así suficiente para creer que John Maynard Keynes no fue un gran economista que hizo grandes descubrimientos sobre el modelo macroeconómico, logrando simplificar la teoría sobre el funcionamiento del mecanismo de mercado. Por otro lado, debe quedar suficientemente claro que el Keynesianismo es una ideología que debe mantenerse alejada de las reformas políticas y estructurales de la economía durante las crisis económicas, ya que su inutilidad en estos casos se encuentra demostrada por las montañas de deuda, picos de inflación y hundimientos del poder adquisitivo que deja la política keynesiana cada vez que es implementada. Debemos tener un pensamiento racional, y por tanto basar la teoría económica en el “ciclo económico real” de Friedrich August von Hayek. Ya que la magia no existe, el efecto multiplicador tampoco. Recuperemos el libre mercado, y alejemos al Estado de la economía, evitando así, futuras pesadillas Keynesianas. 

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